jueves, 20 de abril de 2006

Palomar, de Beto Hernandez (La Cupula)


Palomar es una obra de Beto Hernández que ha viajado desde el underground hasta la edición a modo de graphic novel por Fantagraphics. En España, La Cúpula ha editado de manera errática estas historietas hasta que ha visto el momento de compilarlas en volúmenes, algo menores de tamaño que los estadounidenses pero adecuados para recoger una de las mejores historietas latinoamericanas de la historia del cómic.

Reseña de J.M. Hinojosa

Palomar, volumen 1.
La historia de Palomar está ambientada en un pueblo del mismo nombre, un lugar inexistente de Hispanoamérica que cumple la función de territorio mítico, a la manera de Macondo en las novelas de García Márquez, Comala en las de Juan Rulfo o Santa María en las de Onetti.
En este pueblo transcurren las vidas de unos personajes que se interrelacionarán de forma magistral. Se trata de historias que, como él mismo nos dice en una entrevista, son el reflejo de los relatos que les contaban sus parientes del Sur, sobre todo su abuela, las películas que ha visto y sus propias experiencias personales, en un entramado emocional, narrativo, que irá dominando esta magnífica novela gráfica. Un cuadro de costumbres cuya autenticidad puede estremecer en ocasiones.
En historietas largas, como “El sol que ríe” o “Sopa de gran pena”, o en historias cortas, como “Toco” o “El árbol de los susurros”, dará cuenta este autor californiano de su maestría, de sus recursos para el arte de narrar. Beto Hernández también usará diferentes registros dramáticos, comedia, drama, tragedia, en este cómic, en el que podemos pasar de reír con el miedo de Guadalupe y su hermana Doralís cerca del árbol de los susurros a la tristeza que supone la vida rota de Isidro Rivas, imagen de tantas vidas truncadas en un absurdo giro del destin
o. Las últimas viñetas de esta historia, con la familia de Luba y Tipin’ Tipin’ en silencio y el «Tengo frío, mami» de Guadalupe resultan sobrecogedoras. Como dice The Washington Post «(…) nos hallamos frente a una de las cimas del cómic como obra de arte; un tebeo convencional en cuanto a lenguaje, pero que no se parece a nada que se haya hecho anteriormente».
Entre los grandes aciertos de esta obra hallamos la creación de unos personajes, que parecen respirar en nuestras manos, que parecen conversar en nuestros barrios. Son personajes absolutamente definidos, llenos de miserias y grandezas, como cualquier ser humano. En esta obra, los niños se comportan como niños en todo momento, como podemos ver en “El árbol de los susurros” cuando el miedo se apodera de las pequeñas Doralís y Guadalupe, una pequeña cumbre de la ironía de este arte secuencial. También los adolescentes se comportan como adolescentes, disfrutando y temiendo a la vez sus primeras experiencias sexuales, sus primeras rupturas, el alejamiento de sus familias o su ciudad hacia otros mundos, en resumen, el lento despertar al mundo adulto. Un mundo en el que también los adultos se comportan como tales, con sus temores (maravilloso ese hipocondríaco Heraclio incapaz de disfrutar de la vida sin que una pequeña preocupación lo consuma por dentro), inseguridades, alegrías, esperanzas, grandezas (como el amor de Heraclio por Carmen).
Una de las técnicas fenomenalmente utilizadas por este creador californiano es el perspectivismo, o sea, presentar una misma realidad desde perspectivas diferentes, desde los ojos de diversos personajes. Así, en las primeras páginas podemos observar la realidad de este pequeño pueblo a través de los ojos de Chelo; en otros capítulos podemos ver a Jesús a través de los ojos de sus amigos, o ver a Carmen a través de la mirada de Heraclio, u observar a Luba desde tantos ángulos diferentes, ya sea desde Carmen, d
esde Heraclio, desde Chelo, etc. Y algunos de estos personajes acaban convertidos -es el caso Howard Miller- en símbolo de una civilización que, como el mismo Beto dice, se odia y se ama con la misma intensidad (desde el punto de vista de los habitantes de Palomar, claro), por todas aquellas cosas buenas que podía dejar en esta pequeña aldea, como la comunicación, una buena economía, pero también tantas cosas horribles, la televisión –como nos dice la amiga de Heraclio, Gloria «Palomar, una vista maravillosa sin antenas de tele»-, el crimen, etc. Las diferentes formas de conocer a un ser humano otorgan profundidad a todos estos personajes. Se traza una visión parcial de la realidad que se aproxima de modo increíble a la que cada uno de nosotros puede tener. Incluso el narrador a veces se apropia de esta visión parcial. Por ejemplo, cuando no parece estar seguro del arranque de lo que está narrando en la segunda parte de “Sopa de gran pena”, en la que el mismo comisario del pueblo habla con él convirtiéndose en otro de los personajes de esta obra; o cuando deja la historia en forma de hermosa carta de amor en manos de Heraclio en “Por el amor de Carmen”. Otra de las técnicas que Beto usa en algunas ocasiones para acercarnos a los personajes es la del discurso indirecto libre, en el que el narrador toma algunos de los rasgos del discurso de su personaje, atrapando de alguna forma su conciencia, como hace en las ensoñaciones de Jesús con Luba, o en la carta de Heraclio. Todo ello aporta visiones parciales de una realidad que, en conjunto, logran dar gran verosimilitud a todas estas historias. Pequeños mordiscos de amor. Grandes mordiscos de vida, en realidad.
El tema principal en casi todas estas historias es un tema muy presente en cualquier tipo de arte: la alabanza de aldea, es decir, contar las virtudes de un pequeño pueblo. Y así lo hace Beto Hernández, que cuenta, pero no de forma idílica, la vida de un pequeño pueblo Palomar y sus habitantes. Pero no sólo cuenta las grandezas
de estas vidas, sino también sus miserias, como podemos ver en los cotilleos de casi todos hacia Luba, la intolerancia de muchos de ellos, el racismo encubierto o claramente descubierto contra Howard Miller. Una coral de personajes que irán llorando, riendo, sufriendo, gozando mientras nosotros, como espectadores privilegiados, gozamos de sus aventuras y desventuras.
Palomar, volumen 2.
Presentada ya en el volumen anterior la pequeña ciudad en la que Beto Hernández ambienta sus historias, este segundo volumen profundizará un poco más en las desventuras de sus habitantes, Jesús, Heraclio, Chelo, Vicente, Humberto y, sobre todo, Luba (uno de los personajes más grandes que ha dado, como dice L. A. Weekly, la ficción americana contemporánea). En este segundo volumen, Luba y su familia tendrán un mayor protagonismo en muchas de las historias narradas, que transcurren entre Palomar, ciudades aledañas y los Estados Unidos, odiados y amados al mismo tiempo, soñados y convertidos en pesadillas.
En las primeras páginas, en los capítulos que forman Pies de pato, Beto Hernández seguirá desarrollando la relación entre Luba y sus hijas, hecho de importancia en las siguientes historias que aparecerán en este cómic, sin olvidar, claro, otros habitantes de este pequeño pueblo, en el que realismo y fantasía irán de la mano.
En el siguiente capítulo, “
Dichas y desdichas” se nos presentarán una serie de personajes, y un mundo, el de las relaciones sexuales, a través de la mirada de una de las creaciones de Beto Hernández, Israel, otro instrumento perspectivista. En este mundo tendrán cabida engaños, sarcasmos, homosexualidad, relaciones basadas más en el dinero que en la felicidad, aunque también podemos encontrar pequeños gestos de nobleza, como el que protagoniza Israel con respecto a Pipo. Luces y sombras de unos personajes cuya autenticidad nos habla de uno de los grandes creadores del cómic actual.
“Diastrofismo humano” representa la introducción del mal en esta pequeña población. Su título es lo bastante significativo, ya que diastrofismo significa «conjunto de dislocaciones sufridas por zonas de la corteza terrestre por la acción de fuerzas internas», aunque en este relato las fuerzas internas no sean otras que las de los seres humanos. Como es costumbre, la realidad será vista desde diferentes perspectivas: desde los
ojos de Humberto, con el que además se reflexionará sobre las relaciones entre ficción y realidad, sobre la responsabilidad del artista, se contemplará el mal, encarnado en Tomaso. Desde los ojos de Guadalupe, se contemplará una realidad negativa en la que, por ejemplo, Casimira, sólo es capaz de asimilar la influencia “negativa” de su madre; la locura de Tonantzín a través de los ojos de su hermana y sus amigas; pequeñas y grandes historias que se irán mezclando de forma magistral hasta llegar a su clímax con el disparo que acabará con el brazo de Casimira, con la fuga de Maricela, hijas ambas de Luba, con el descubrimiento del verdadero asesino, con el incendio de su propio cuerpo por parte de Tonantzín. Y estos hechos se desarrollan bajo un sol intenso, que, como en muchas novelas de género negro, despierta en la gente sus instintos más viles, dando lugar a las consecuencias menos deseadas.
Tras esta visión del mal,
se nos presentará la hermosa despedida a esta población, una bella elegía que no podía tener otro nombre. “Adiós, Palomar mío”, supone el abandono de algunos de los habitantes más significativos de este pequeño pueblo. Adiós que alcanzará su punto álgido en el último capítulo, “La carga de Chelo”, en el que Luba y los suyos abandonan definitivamente Palomar para instalarse en California. Significativamente, el capítulo que abría todos estos acontecimientos llevará el mismo nombre que aquel que los cierra, “La carga de Chelo”, en una especie de construcción circular con la que Beto Hernández parece dar por terminada las historias de esta pequeña población situada en algún lugar del sur de la frontera con Estados Unidos. Sin olvidar las pequeñas historias que irá intercalando en “Adiós, Palomar mío”, podríamos considerar que las tramas principales de estas páginas serán la relación de Luba, ya alcaldesa, con los habitantes del pueblo, ya sea en el presente o en el pasado, con continuos saltos temporales, la relación de Luba con sus hijas, la caracterización de uno de los mejores personajes que aparece en esta obra, Casimira, convertida en heroína temprana en muchas de estas páginas; el sacrificio de Luba con respecto a Khamo; la presencia de muchos elementos fantásticos que darán un toque tremendamente poético a muchos de estos relatos; la vida en California que se convertirá en la próxima localización espacial de los relatos que nos irá contando Beto.
En esta segunda entrega de las historietas de Palomar aparecen con más fuerza las virtudes de Beto Hernández como gran autor de cómic. Podemos destacar su habilidad para caracterizar de forma asombrosamente certera a sus personajes, las diversas técnicas para aproximarnos a estos habitantes, ya sea en una sola página o en historias de mayor extensión. También, la capacidad de intercalar historias, de interrelacionar vidas con facilidad, vidas que parecen ir creciendo en nuestros ojos, en nuestras manos. Sobresale también la descripción, mucho más realista que idealista, de un pequeño pueblo, como dice uno de los habitantes, aislados hasta el fin del mundo, pero que se irá ganando un lugar en nuestros corazones, y la aparición de temas tan cercanos a nosotros como el deseo de tener un buen trabajo, la emigración, las discusiones familiares de gran importancia en casi todas las tramas, la inocencia y la pérdida de esta de unos niños que están empezando a crecer, el mundo de unos adultos que, muy a pesar suyo, han de crecer, el dolor (maravillosas las lágrimas de Luba y la caída de su prima Ofelia tras verla llorar), la renuncia, etc. Destaca también la visión interiorizada del pueblo desde la perspectiva de sus moradores, con imágenes tan líricas como las lágrimas de Jesús Ángel ante la tumba de Tonatzín cantando ‘Adiós, Palomar mío’.
Otros rasgos esenciales de las obras de Beto Hernández son su capacidad de plasmar estilísticamente las voces y usos más diversos (la lengua coloquial, el registro familiar, el lenguaje infantil), su facilidad para captar tipos y ambientes y sus indudables dotes como contador de historias. Estas dotes se pueden observar tanto en historias brevísimas como la protagonizada por Vicente como niño, q
ue Beto usará para hablarnos de forma muy hermosa sobre el dolor que pueden causar las palabras, y nuestra responsabilidad para utilizarlas de forma responsable. Igualmente magistrales resultan: la comprensión del universo por Guadalupe; la página dedicada a Carmen, o la historia de Pipo, contada por ella misma, con abundante texto de apoyo, diferentes posibilidades del cómic como medio de expresión artística que Beto Hernández sabe utilizar de forma adecuada para hacer que sus historias sean tan profundas como poéticas, tan realistas como imaginativas, tan inteligentes como sensibles.
Palomar, una gran obra para ser disfrutada una y otra vez. Pequeños mordiscos de amor. Grandes mordiscos de vida que ocuparán un lugar, nunca mejor dicho, en el corazón de cualquier lector inteligente y sensible.

PALOMAR, de Beto Hernández
La Cupula : NOVELA GRAFICA, s/n (dos volúmenes), Barcelona, 2006. ISBN: 84-7833-672-9
Libro de historietas, 24 X 17 cm., en rústica con solapas, 276 páginas c/u, b/n, 12.95 euros c/u
Texto promocional:
“"Nos hallamos frente a una de las cimas del cómic como forma de arte; un tebeo convencional en cuanto al lenguaje, pero que no se parece a nada que se haya hecho anteriormente." -- The Washington Post.
Bienvenidos a Palomar, el mítico pueblo latinoamericano de Beto Hernandez. Un microuniverso de personajes a cual más variopinto; un hervidero de historias que se entrecruzan una y otra vez, creando un intrincado entramado que retrata la vida en la Hispanoamérica rural con riqueza tal que la obra resultante adquiere carácter universal. Con frecuencia, la fecunda imaginación de Beto Hernandez para trazar personalidades y crear situaciones, ha sido comparada con la de los autores más destacados del realismo mágico , como García Márquez o Isabel Allende. Las caracterizaciones de sus exuberantes mujeres han sido aclamadas como momentos álgidos de la historia del cómic.
Con el presente tomo, se completa el ciclo de la evolución de la población de Palomar desde la llegada de Luba hasta su partida, veinte años después”"

VINCULOS.
Reseña de Río Veneno
Entrada en la Wikipedia
Entrevista a Beto de 2003
Obras originales
Obras en español
Otros vínculos

Reseña de José Manuel Hinojosa. Tebeosfera recibió servicio de prensa de La Cúpula