domingo, 23 de diciembre de 2007

FELICES FIESTAS

Felices fiestas de Navidad y mejor entrada de año 2008 a todos.

Manuel Barrero

EPISTOLARIO DE MIHURA

MIGUEL MIHURA. EPISTOLARIO SELECTO DE FUENTERRABÍA

«Querido Mihura:
Tus cosas de Gutiérrez son estupendas…»

Así comienza la primera de las 52 cartas que la editorial Renacimiento, a través de su sello Ediciones Espuela de Plata, ha publicado en noviembre en una cuidada edición como las que suele hacer esta editorial. Son 52 cartas inéditas seleccionadas entre los papeles personales de Miguel Mihura conservados en Fuenterrabía, lugar donde pasaba «largas temporadas estivales en compañía de su hermano Jerónimo, haciendo esa vita minima que tanto apreciaba: pasear, comer bien, leer novelas de Simenon y escribir poco».

Comenzando por la que le escribe Edgar neville el 13 de agosto de 1928 desde Washington, y terminando por la de K-Hito el 3 de febrero de 1977, este epistolario pasea por la vida de Mihura mostrándonos las aspiraciones y las mezquindades, los rencores y las confidencias de un variado elenco de personajes: Enrique Jardiel Poncela acusa a Mihura de plagio; Edgar Neville, eufórico, le anuncia que se marcha a Hollywood a hacer cine; José López Rubio y Tono le escriben desde Estados Unidos con el membrete de la Metro Goldwyn Mayer; Antonio Robles y K-Hito lo felicitan cuando, ya anciano, el autor de Tres sombreros de copa acaba de ser nombrado académico… Todas ellas permiten reconstruir con detalle aspectos destacados de su trayectoria profesional, así como dar a conocer sus vínculos con la llamada “otra generación del 27” cuya historia interna aún no ha sido trazada con exactitud.

La sustanciosa introducción corre a cargo de José Antonio Llera, Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, especialista en poesía contemporánea y en el grupo de humoristas de la generación del 27. Este autor también ha publicado tres monografías: El humor verbal y visual de La Kodorniz (2003); El humor en la obra de Julio Camba: lengua, estilo e intertextualidad (2004); y Los poemas de cementerio de Luis Cernuda (2006). Tiene en prensa una antología de la obra articulística de Wenceslao Fernández Flórez y es, además, autor de dos poemarios: Preludio a la inmersión (1999) y El monólogo de Homero (2007).

El libro tiene un apéndice documental muy apetecible donde se pueden ver algunas de las cartas originales así como el carné de militante falangista de Mihura y un salvoconducto expedido en marzo de 1938 por la Delegación del Estado para Prensa y Propaganda que permitía la libre circulación del “director de La Ametralladora”.

«Mi querido Miguel:

Ando mal, con muleta y del brazo de mi chófer, circunstancias que no me deciden a hacer acto de presencia en tu homenaje al que me adhiero de todo corazón, con el cariño y la admiración de siempre.

Un abrazo cordialísimo de tu amigo, ya mayor

K-Hito»


MIGUEL MIHURA. EPISTOLARIO SELECTO DE FUENTERRABÍA (1928-1977)

Con edición, introducción y notas de José Antonio Llera Editorial Renacimiento / Espuela de plata, Sevilla, 2007 Encuadernación en rústica, 21X15 cm., 231 pp., PVP 17 € Depósito legal: S.1696-2007 ISBN: 978-84-96956-03-2 Reseña de la obra de Llera El humor verbal y visual de La Cordorniz

Reseña de Lombilla

viernes, 21 de diciembre de 2007

THE LAST AMERICAN

THE LAST AMERICAN. LA ODISEA DEL PEREGRINO

Por ANTONIO SANTOS (de su serie La voz en el desierto, entrega 33)


Hubo un tiempo en que MARVEL se atrevió a hacer y a apadrinar grandes historias; muy diferentes e insólitas al MAINSTREAM habitual. Ya nos referimos a MARSHAL LAW, el SHREK de los SUPERHÉROES. He aquí otro ejemplo de aquellos tiempos.

Entre las grandes referencias de los 1980, quedaría por despuntar este vívido manifiesto antibélico, especialmente contra la guerra nuclear, que el intenso marasmo de publicaciones y reputaciones hoy día ya afincadas y reiteradas en toda reseñas que se precie sobre el cómic, arrojaría no sólo a un segundo y discreto puesto, sino que lo anularía del acervo de lecturas.

Quizás porque su pesimista temática, o su ominoso mensaje, y su falta de colorido estrambótico, el de ese descarnado cotilleo de las entretelas superheroicas, dignas del L.A. CONFIDENTIAL que es WATCHMEN, o del canto lacónico al fascismo de FRANK MILLER, no poseían atractivos para atrapar un considerable volumen de lectores, verdadera lástima porque en muy contadas ocasiones se puede disfrutar de una obra de tan extraordinaria calidad.

Datos técnicos.-

The last american. Escrito en tándem por JOHN WAGNER (papá de JOHNNY ALPHA, entre otros) y ALAN GRANT (antes de que se pudriera en LOBO). Con agradecimiento especial a ARCHIE GOODWIN y DAN CHICHESTER. Con los peculiares trazos del nunca valorado MIKE MACMAHOM (visto mucho por JUDGE DREDD y que en esta obra imprime un característico estilo que permite afianzar aún más en el recuerdo del lector los momentos de esta historia); se entinta a sí mismo y surte de colorete a sus personajes. Material Marvel para su sello EPIC en 1991. FORUM lo editó aquí en 1992, ¡el año fastuoso! Edición española a cargo de JAIME ALBA; traducida a nuestra lengua, que dicen ser la de CERVANTES: EDUARD SOLÉ, rotulándolo con habilidad por JORDI ESTRUCH, que también jugaba de coordinador. Serie limitada EPIC PRESENTS del 9 al 12. Pagabas 25O pesetas, y no se dejaba un euro de propinilla por dos tebeos.

¿De qué va?.-

Ante la inminente TERCERA GUERRA MUNDIAL (la nuclear, no la que empezó el 11-S de 2001), el PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS escoge al CAPITÁN ULYSSES S. PILGRIM para ocupar una cámara criogénica, inicialmente prevista para el dignatario, para que, pasados veinte años, restaure el orden del país superviviente al destello de las nucleares, haciendo a América de nuevo poderosa. Pilgrim reúne unas características (excelente soldado, nos cuentan) que lo hace más idóneo para ocupar dicha cámara.

Pilgrim descubre que, tras dos décadas de radiaciones e INVIERNO NUCLEAR, lo único que sobrevive del poder americano son sus ruinas y el sepulcral silencio de un mundo muerto largos años antes.

El último hombre vivo.-

The last american bebe mucho de la fuerte corriente antinuclear que a mediados de los 1980 barrió el mundo. El mensaje lanzado por los comunicadores (CARL SAGAN, RICHARD TURCO, ANN DRUYAN, entre otros) de que tras un conflicto nuclear las posibilidades de supervivencia el género humano serían prácticamente cero, no calaron con la suficiente intensidad, o parecían pertenecer a un ámbito demasiado elitista o técnico, como para que el pueblo apreciase la enormidad de la amenaza.

Recordemos, pese a lo que las grandes eminencias culturales quieran decir en contra, que el cómic es un MEDIO DE DIVULGACIÓN, CULTURA y DIFUSIÓN tan extraordinario como pueda serlo la prensa, al radio, la TV o el cine. Problema: las eminencias aludidas (evitaremos los nombres de los fariseos) han tachado desde siempre al medio, al NOVENO ARTE, como de una cosa vulgar, mísera e infantiloide, de nulo poder cultural. Y al lector de tebeos como un bobo con tendencias masturbatorias incontrolables. Cierto es que gran parte de la producción del cómic está volcada al ocio, y que dentro de ese porcentaje, gran parte, a su vez, es pura purria. Nimiedad. Vacuidad (SPAWM, por ejemplo.) Pero existe un porcentaje respetable que puede transmitir con amplia eficacia el mensaje que se quiera divulgar. La cosa está en aunar el criterio y el talento gráfico. No en vano STAN LEE calificaba a los tebeos como LITERATURA GRÁFICA, y aunque quizás Lee no sea jamás NOBEL DE LITERATURA (para eso están todos l@s oscur@s escritor@s cuya prosa o poesía es tan errática, absurda o llena de entramados artificiosos que representan egoístas ejercicios de autoestimulación), al menos comparte la viva demanda de que el cómic sea tratado con la dignidad que le corresponde, pelea constante que tuvo el ya fallecido WILL EISNER.

Nunca se le exige, dentro del ámbito literario, que una novela o poesía o ensayo tenga unos estándares tales como los que se les piden al cómic, que debe soportar, ya lo mencionamos, el sambenito de la puerilidad (cosa muy alejada de la realidad, como los que lo leemos y nos dedicamos a él sabemos; los tebeos son un desmesurado buffet, y aunque las patatas fritas abunden en las bandejas, también hay platos de sibaritas). Bien, esta obra es una lectura sibarita, culta y lo mejor, amena, con lo que su mensaje puede llegar tan lejos como se lo proponga.

John Warner y Alan Grant (hombres del 2000 AD y de las correrías postnucleares de Judge Dredd) trazan la historia de un sujeto que debe afrontar una circunstancia insólita, que la literatura y el cine han sondeado con cierta frecuencia (y que estas Navidades en nuestros cines repite con SOY LEYENDA, con el inefable WILL SMITH al mando, basado en el excelente libro de RICHARD MATHESON de igual título, y al que ahora nos referiremos): el hombre solo, alienado no por mor de la sociedad o enfermedad física o psiquiátrica, sino porque la especie se ha extinguido.

Ante la disyuntiva, ¿cómo se comporta el individuo? ¿Qué ideas atenazan su mente? ¿Cuál es el deterioro de su psique y cómo va afectando a su conducta? Los elementos que poseen los autores son absolutamente teóricos; nadie se ha visto en tales circunstancias y ha dejado testimonio, o ha sido observado clínicamente.

Soy leyenda intenta describir las circunstancias de su protagonista, el último (aparentemente) ser humano de un planeta poblado por vampiros, o algo similar, a lo largo de unos tres años de cotidiana reparación de tablones, cristales y ristras de ajos. Apreciamos que la degradación intelectual del protagonista, o sus esfuerzos por mantener íntegra su cordura, responden a un número de estímulos presentes en la sociedad contemporánea del autor, en la cual resiste.

En la versión cinematográfica de CHARLTON HESTON ya empieza, empero, a atisbarse una variación en la estructura de la identidad del personaje. Un embrutecimiento, una reducción a la barbarie, un cinismo rampante combatiendo la ausencia de afectos humanos. La época lo pulsaba así, y el héroe íntegro que, estaca en mano, va violando los féretros/neveras de la obra de Matheson (popular autor y escritor del género del terror, especialmente, y de la TV y el cine de serie B), es en Heston, hombre de gesto duro-y-decidido, un cínico que ha empezado a sentirse cómodo con sus insólitas circunstancias. Aún anhela el contacto humano (que en la película –y la novela- se circunscribe a su abstinencia heterosexual), pero poco a poco ese anhelo es un artificio más de unos reflejos sociales que se tornan paulatinamente más evanescentes. Los ROBERT NEVILLE de estas obras no esperan tener un interlocutor. Un médico que les saque una muela cariada. Cualquier ser humano. Necesitan una mujer, y sobre todo, necesitan satisfacer sus necesidades. Replicar el Génesis en última instancia.

Pilgrim no espera tanto, ni siquiera se lo plantea. Despertado de un largo sueño criogénico, se encuentra con un mundo donde el polvo levantado por las explosiones y los incendios aún oscurece el cielo (¡veinte años más tarde!) y las ciudades son cementerios. La compañía con la que el COMANDANTE APOCALIPSIS (heredero de todas las prerrogativas del cargo de Presidente norteamericano) cuenta son tres robots (muy poco ASIMOVIANOS, a Dios gracias), designados A(BEL), B(AKER) y C(HARLIE), este último una mezcla de R2D2 y C3PO, que intenta mantener a flote a un hombre que paulatinamente va descubriendo la desolación que comportará los restantes días de su vida.

Pocos, pues in extremis Charlie salva a Pilgrim de cometer suicidio.

Divulgación.-

Por fortuna (o quizás desgracia) no podemos reseñar The last american con los estándares habituales de otros tebeos. No es una obra al uso y su contenido es, básicamente, de divulgación y a tal efecto debemos ceñirnos.

Consideremos que sus autores gestaron la historia en plena ERA REAGAN (la conducta de algunos de sus personajes secundarios, vistos esencialmente en el sueño de Pilgrim, corresponde a la de una época que muchos ahora se creen que sólo existía en RAMBO, pero que constituía un modus operandi y modus vivendi entonces) y trataban de concienciar a la población del engaño en que vivía, de la inercia y la estulticia de una serie de planteamientos respecto a la guerra nuclear que, ¡asombrosamente!, persisten, han calado tan profundamente que no hay, al parecer, modo de desarraigarlos de la opinión popular.

Inevitablemente, debemos hacer mención a tales clichés.

The last american está en la estela de la obra de animación, fatídica y desoladora, CUANDO SOPLA EL VIENTO, en la cual se recrea un episodio de ataque nuclear contra una Inglaterra acomodada, semiburguesa y que no tiene claramente aprehendida la noción de la destrucción masiva nuclear. Esta historia no deja hueco alguno para la esperanza. Detalla la desintegración de sus protagonistas: sus mentes se trastornan, sus cuerpos enferman y se debilitan. Finalmente mueren y sus únicos ataúdes lo constituyen unas bolsas de papel que las autoridades indicaban como ¡idónea defensa contra las radiaciones!

Usualmente, cuando se hace referencia a la destrucción nuclear nos las vemos con un cataclismo de proporciones inusuales que arrasa NUEVA YORK y quizás LONDRES o PARÍS. Y a los quince días, los vándalos con los machetes y las porras llenas de clavos rompiendo escaparates y comiéndose a algún desventurado. O con fantasías más estilizadas que tratan de suplir UNA VERDAD INCÓMODA (échale huevos a ésta, AL GORE): que no sobrevive nadie, con unas dosis de barbarismo barroco, caso de la saga de MAD MAX. (Sus autores jugaban con la baza de la distancia y el aislamiento de AUSTRALIA como un elemento de que quizás nos salgamos con la nuestra. Sin embargo, en ON THE BEACH, ni siquiera los australianos se libran.) Todas estas películas “de supervivientes” proceden de una corriente inquebrantable de opinión gestada en los tiempos del Presidente TRUMAN, pese a las líricas quejas de OPPENHEIMER citando al BHAGAVAD GITA. Una explosión nuclear se consideraba una especie de BLOCKBUSTER a lo bestia. Quizás agrietaran la sólida fachada de los más representativos edificios. Y las radiaciones… Bueno, eso se lo lleva el viento, como al Sur falso, galante y racista de la obra de MARGARET MITCHELL, a los quince días ya estamos otra vez fletando autobuses a HOBOKEN.

Esa idea de que una guerra nuclear tendría unos efectos terribles, pero subsanables, se coció en América a lo largo de décadas, trasladándola al Bloque Occidental que las absorbió sin problemas… porque la alternativa era inadmisible: nadie vivo. Preferían aferrarse a la idea de que una guerra nuclear permitiría un número de supervivientes lo suficientemente elevados como para: A) pelear a muerte por un tanque de gasolina; B) pelear a muerte por unas latas de guisantes; C) reiniciar la sociedad, a lomos del mesías postal encarnado por KEVIN COSTNER (si la película es mala, la novela en que se basa es infinitamente peor), aunque con una expresión más severa y menos entregada a la lucha. Hemos aprendido la lección, sería su lema.

The last american niega todas estas posibilidades y lo dice de forma rotunda y directa; de paso, secuencia la descomposición intelectual de un hombre que ha crecido en una sociedad que ha creído, con firmeza de dogma, en esos criterios establecidos por el PENTÁGONO y la RAND CORPORATION a los que aducimos grosso modo: los incendios nucleares pueden apagarse con una manta. Usted puede sobrevivir a una explosión nuclear agazapándose, o metiéndose debajo de una mesa. Las radiaciones se evaporarán solas. Ninguna mención al Invierno Nuclear y las demás catástrofes asociadas: hambre, sed, enfermedad, bandidaje… Todas estas son tenidas en cuenta en la gran obra de Wagner y Grant, y desfilan ante los ojos del atónito Pilgrim, incapaz de conectar del todo con la realidad, afianzándose desesperadamente en sus nociones familiares y equivocadas.

El mensaje.-

THE DAY AFTER (teleserie estrenada como film) escandalizó a la ADMINISTRACIÓN Reagan y a todo un poderoso sector de Norteamérica por mostrar la cruda verdad que residía detrás de un ataque nuclear. Los expertos de la Rand habían computado unas posibilidades muy distintas. Y a ese credo ellos se ceñían. Pero Sagan y Turco, junto con otros analistas y científicos, descubrieron los inesperados y nocivos efectos del Invierno Nuclear (para empezar, descubrieron el Invierno Nuclear, nunca antes contemplado en un análisis de tales características) que hacían todos aquellos cálculos erróneos e insensatamente optimistas. The day after peca exactamente de eso. Lo prevé todo, menos el Invierno Nuclear, y su final debió ser alterado por exigencias gubernamentales, porque había de residir esperanza al final del terrorífico periplo.

La verdad es que no la hay; en el prólogo de V DE VENDETTA, ALAN MOORE afirma que sus nociones sobre la supervivencia a la guerra nuclear eran tan limitadas como inexactas. No habría ningún V reivindicando la ANARQUÍA en una Londres silenciada por las radiaciones y el frío.

La última sandez en este sentido ha resultado ser JERICHO, televisión de alto voltaje tipo LOS SOPRANO y similares. O al menos, con esas tintas nos lo han vendido. Comparativamente, The last american es una obra muchísimo más madura, culta, lúcida, profunda y resonante. Por desgracia, es tebeo, esa despreciable cosa, y por lo tanto, no debe ni tenerse en consideración.

Jericho, nos cuentan, barrenando en la incongruencia, está basada en una novela cuyo autor se documentó en una serie de factores que permitirían hacer potable la narración. En EL INVIERNO NUCLEAR (Sagan-Turco) se recogen una serie de tablas de guerras nucleares, desde la más mínima-nimia a la más intensa y devastadora. Jericho queda encuadrada, precisamente, en la tercera tabla. En la predicción técnica estándar, las circunstancias eran malas pero con un viso de prometedoras esperanzas a corto-medio plazo (posiblemente la de la Rand Corp., y que sin duda emplearía el autor de la novela, así como las guionistas de la serie –porque esa es otra: los planteamientos femeninos-feministas son tan intensos que pretieren el romance a la supervivencia tipo Mad Max, por ejemplo, que insinúan en algunos capítulos a que se ven abocados). En la proyección corregida, las predicciones eran malas-muy malas en todo plazo. Jericho emitiría un soplo agónico antes de que un Invierno Nuclear mucho más prolongado que el descrito en la serie lo congelase, si antes no lo había matado una exposición elevadísima a radiaciones, lluvias radiactivas y al caos desnudo de una sociedad lanzada al pillaje más brutal. Pilgrim se pierde todos estos buenos momentos, desde luego, hibernado como está, pero se solaza con unas secuelas que deberían haberse eliminado del mundo una década antes de su despertar, el 4 de Julio de 2019 (el AÑO DE LOS REPLICANTES). Las tablas incluyen con una nota de Sagan en la que se indica que, posiblemente, hasta sus predicciones fuesen erróneas; no había un verdadero factor empírico: todavía podía ser peor.

Ese es el mundo de Pilgrim. Los caníbales han muerto congelados, o los mató una radiación entre diez-quince veces superior a lo normal; o un agua de lluvia similar al ácido de batería. Frío. Y polvo en el cielo eclipsando el sol, matando las cosechas.

Los supervivientes hallados a lo largo de la obra (hormigas, esencialmente) no prometen que haya ninguna posibilidad de reconstrucción. Tan clara y técnicamente sucinta es la obra que ni siguiera aparecen aberrantes monstruos mutados por las radiaciones. Lo que aparece refuerzan los deseos de Pilgrim de suicidarse.

Revestimiento.-

El uniforme que Pilgrim luce tiene una poderosa influencia de cómic. Él mismo reconoce que está viviendo una aberración basada en un concepto de tebeo. Sin duda, hemos de concederle esto a los autores, que vendieran de este modo un producto tan desolador y descarnado donde la esperanza reside de una forma absolutamente ambigua y vaga en la penúltima viñeta de la historia. Porque si apareciera un soldado tal cual, con unos rasgos comunes y unos medios básicos, posiblemente la historia pasaría absolutamente desapercibida. Los robots, el uniforme de superhéroe, el ambiente postnuclear de aparente combate contra los bárbaros residuales de la sociedad prenuclear, son meras añagazas publicitarias (hábilmente urdidas, sin embargo) para seducir el apetito del lector, que de ninguna forma puede expresar desconcierto o decepción una vez los autores le han presentado el menú. Quizás no haya tiroteos salvajes, pero lo que va contándose es mucho más sugerente que cualquier escena de acción que se le suponen a esta historia.

Recapitulando.-

Coincidiendo con su aniversario, The last american va a reeditarse en un volumen con formato “novela gráfica”. Esperamos que posea mucha mejor suerte en su reedición en nuestro país y logre afincarse en el lugar preferente y de honor que le corresponde. Hasta ahora, esta historia ha sido como el familiar pobre y poco querido, más que despreciado, de los 1980, y que posteriormente solapó toda esa industria artificiosa y decadente de IMAGE, WILDSTORM y todos los que usted quiera mencionar de aquella patulea.

Obra claramente europea (todo su elenco es inglés), incluso satisfaría al lector de este tipo de tebeos (el europeo), y le haría ver que, más allá de MOEBIUS, por citar uno de sus más conspicuos ejemplos, existe el cómic europeo… en Inglaterra, como también reside en España.


Lo mejor.-

La capacidad de interés y su exposición del mensaje que transmite.

La frase.-

-Pobres bastardos; ¿a dónde creyeron que podrían huir?: Pilgrim resumiendo la situación ante un coche que sirve de féretro a unos esqueletos.

La página.-

Las portadas de los números 1 y 4.

La viñeta.-

Al no ser una obra que destaque por su dinamismo, no podemos elegir una sobre las varias que hay de interés en su conjunto.

Lo peor.-

Haber pasado prácticamente inadvertida.

Reseña en profundidad de Antonio Santos

jueves, 20 de diciembre de 2007

EL CADAVER Y EL SOFA, DE SANDOVAL


El cadáver y el sofá. La belleza de lo imperfecto


El cadáver y el sofá es un tebeo delicioso pero caro y (quizá por ello) poco reseñado. Es un hermoso y atractivo producto éste de La Cúpula, que se arriesga con la obra de un mejicano melenudo, nuevo y limpio, de la joven hornada charra, muy artista y muy intenso, que está ya triunfando (naturalmente) en Francia.

La historia que nos cuenta aquí con sus personajes cabezones ensamblados en un paisaje de nubes amenazadoras y aire de cuento de hadas horrible es una historia de iniciación a la vida.


Chico conoce a chica y cultivan su amor al hedor de un cadáver de otro chico. Las dudas sobre quién lo mató atenazan al muchacho a la par que su corazón y sus tripas sienten el pellizco del primer enamoramiento. El sexo surge, repentino y veraniego, en la cercanía de la muerte, y el desenlace intensifica la presión de esos temores y ardores hasta un clímax realmente conseguido.

Esta fórmula, la de conjugar miedos con deseos, suele dar siempre resultado. Y el joven Sandoval lo borda aquí con su impresionante y cultivada técnica. El mejicano conjuga un blanco y negro rabioso, al estilo McKean, con un color extraordinario, en la onda de Nine cuando trabaja con la paleta cálida, en la de Bisley cuando usa la fría. El autor baraja técnicas y diagramaciones para alterar el ritmo y la atmósfera del relato. Los colores cálidos y las viñetas ordenadas para la ternura, los colores fríos y las viñetas desmontadas o quebradas para lo macabro o los arranques de horror. Las dudas y los flashback los resuelve con espacios vacíos, resoluciones en blanco y negro o a dos tintas, con diagramaciones inesperadas. Las masas de negro y los tramados manuales también están ahí con un fin: para acrecentar la gravedad de cada situación o para perfilar las emociones de los personajes, respectivamente.

El autor sabe mantener la atención del lector, eso es innegable. Tenemos aquí a un narrador, si bien él se obstina en definirse como ilustrador. Por otro lado, escribe bien. Página 44: "Mientras caminábamos rocé mi mano izquierda con la de Sophie para encontrarme con su sonrisa". Y genera esas imágenes de pensamiento tan características del cómic (el pecho horadado de las páginas finales, con el corazón desintegrándose). Y, para colmo, hasta tiene mensaje, circular y delicioso: En las imperfecciones de las cosas está el atractivo de la vida.

El cadáver y el sofá es como una tormenta de verano. Sorprendente y fresco. Repentino y sobrecogedor. Majestuoso. ¡Y es una obra de juventud!
Los españolitos de a pie ya conocíamos a Sandoval por su John Caronte (+El Revolver) que publicó Recerca Editorial en 2005. Un anticipo de lo que parecía iba a ser otro autor subido al carro las estéticas niponas y la narrativa toon.

Pero, mira ahora. Y su obra Nocturno, algunas de cuyas páginas flotan en su blog, tiene una pinta increíble.

De acuerdo, El cadáver y el sofá es caro, 20 euros. Pero vale cada penique.

El cadáver y el sofá, de Tony Sandoval
La cúpula: Novela gráfica, s/n, Barcelona, 2007
Libro de historietas, 24X17 cm., encuadernación en rústica con solapas, 100 páginas en color
Precio: 20.00 €

Texto promocional editorial: "Al borde del aburrimiento, Polo y Sophie pasan el verano contemplando el proceso de descomposición de un cuerpo abandonado en el campo, el cuerpo de Christian, un chico desaparecido recientemente. Mientras, un lobo negro espía a los chicos desde la maleza.
Una nota de Christian dentro del sofá de Sophie aumenta el misterio? ¿Qué vínculo existe entre el cadáver y el sofá? ¿Cómo murió Christian? ¿Qué tienen que ver los hombres lobo en todo esto?"

Enlaces:
Breve pero intenso blog del autor

Reseña de Manuel Barrero
Tebeosfera recibió servicio de prensa de La Cúpula.

miércoles, 19 de diciembre de 2007

LOS TEBEOS DE NUESTRA INFANCIA

LOS TEBEOS DE NUESTRA INFANCIA: LA ESCUELA BRUGUERA (1964-1986) de Antoni Guiral

Reseña de Norman Fernández

Poco más de dos años después de que apareciese el libro de Toni Guiral Cuando los cómics se llamaban tebeos: la escuela Bruguera (1947-1963), Ediciones El Jueves publica ahora la que podemos considerar como segunda parte de aquél. «Este libro completa una historia: la de las revistas infantiles y juveniles de humor publicadas por Editorial Bruguera entre 1947 y 1986, año de su desaparición», nos dice Toni en el comienzo del prefacio del libro, y a la par nos define de manera breve y precisa la naturaleza del volumen que tenemos entre las manos. Los tebeos de nuestra infancia: la escuela Bruguera (1964-1986) apenas varía respecto a su antecesor más que en el periodo que estudia. Esa variación, eso sí, hace que el libro resulte un poco distinto a su predecesor. Si acaso puede resultar un poco menos atractivo, pero no por demérito de su autor, sino porque los tebeos de los que habla no son tan interesantes como los referidos en el anterior volumen: no hay que olvidar que, de una etapa de esplendor se pasa ahora a la descripción del declive de la editorial catalana.

Toni Guiral mantiene para Los tebeos de nuestra infancia el mismo esquema de libro que el utilizado en Cuando los cómics se llamaban tebeos; esto es, una estructura en tres bloques, uno primero histórico y dos posteriores con las fichas de los personajes y autores más significativos. La principal diferencia estriba en la reducción de textos ajenos, que en esta ocasión se limitan a un prologo de José Antonio Vidal Sales. También reduce respecto al primer libro la presencia de la franja al pie de página que allá introducía para listar una serie de hechos que nos permitiesen situar los acontecimientos que nos va narrando en el contexto político y social en el que se estaban llevando a cabo; ello se deberá, probablemente, a que ha considerado que, al abarcar una etapa más cercana de nuestro pasado, no era tan necesaria.

No resulta fácil reseñar este libro sin resultar redundante para lo referido a Cuando los cómics se llamaban tebeos. Toni vuelve a realizar un trabajo documentado y ameno que arranca con la exposición de lo que el autor califica como “losa legal” que no es otra cosa que la descripción del evento que significó el inicio del declive de Bruguera: la atención que la censura comenzó a dispensar a las publicaciones humorísticas. De ahí en adelante, Toni nos va trasladando por la historia subsiguiente de la editorial haciendo referencia a hechos como la influencia de la llegada de la televisión, la aparición de nuevas generaciones de autores, el infame tratamiento por parte de la editorial a los derechos de autor, la importancia de los personajes y series realistas, la proliferación de los “episodios apócrifos” o, finalmente, el cierre de la editorial. Este último episodio, el del cierre, resulta especialmente interesante por el intento, frustrado desgraciadamente, de los propios trabajadores de mantener viva la empresa.

Como digo, me resulta difícil reseñar este libro si repetirme respeto a lo dicho sobre el anterior. Digamos que entre ambos conforman el trabajo de estudio y divulgación del cómic más importante que se ha realizado en nuestro estado de las autonomías en muchos años. Esperemos que en un futuro se pueda completar con un nuevo volumen referido a la producción de series y personajes realistas de Editorial Bruguera.

LOS TEBEOS DE NUESTRA INFANCIA. LA ESCUELA BRUGUERA (1964-1986), de Antoni Guiral

El Jueves, Barcelona, 2007

Libro de divulgación en cartoné, 24x32 cm., 360 páginas en color, 38 euros

Incluye DVD. ISBN: 84-9741-589-2

Segunda parte de CUANDO LOS CÓMICS SE LLAMABAN TEBEOS: LA ESCUELA BRUGUERA (1945-1963).

Texto promocional editorial: "Pocas actividades han marcado tanto el tiempo de ocio de varias generaciones de españoles como la lectura de los tebeos de Editorial Bruguera.
Este libro ofrece una amena y muy ilustrada revisión de aquellas revistas, personajes y autores que, de alguna manera, forman parte de la crónica sentimental de muchos españoles. Revistas como PULGARCITO, TÍO VIVO o MORTADELO publicaron las aventuras de personajes tan populares como MORTADELO Y FILEMÓN (Ibáñez), SUPERLÓPEZ (Jan), Anacleto (VÁZQUEZ) o ZIPI Y ZAPE (Escobar) durante varias décadas."

ANA JUAN EN NUEVA YORK


La ilustradora e historietista Ana Juan participará en la muestra Hansel & Gretel montada en el Metropolitan Opera House de la ciudad de los rascacielos desde el 24 de diciembre y hasta febrero de 2008. Será la única española en esta exposición, con reproducción de sus imágenes además en la revista New yorker.
Su participación consiste en imágenes inspiradas en el cuento tradicional que da nombre a la muestra, coincidente con el estreno operístico Hansel & Gretel el mismo día de nochebuena.

Ana Juan tendrá otra presencia navideña, en Madrid, como una de las autoras artísticas de las carpas para la Ciudad de los Niños que estarán en la plaza de Colón desde el 22 de diciembre al 7 de enero.


Más información en www.metopera.org y www.munimadrid.es

martes, 18 de diciembre de 2007

COMICGUIA 68


COMICGUIA 68

Ha salido el número 68 de Comicguía. Cuaderno de la historieta, la "revista más pobre de lmundo pero la más rica en amigos" según afirma su editor, Francisco Tadeo Juan.

Este es un ejemplar especialmente atractivo debido a sus colaboradores, Agustín Riera, José María Baena y el propio Tadeo. Tadeo Juan se despacha a gusto en el editorial desconfiando de las posibilidades de la nueva "asociación en Barcelona" (se refiere, seguramente, a la Academia de la Historieta, y no a la teorica que 'teóricamente' comandan Pons y Guiral). También demanda más precisión y rigor en la teoría que se hace por internet, porque es consciente (como todos) de que la mitad de lo que se publica en la red no es correcto y que la mitad de lo que se sabe no está en internet.

Todo se andará, Tadeo, todo se andará.


Destacan tres trabajos en este número de Comicguía. Uno sobre Lesley Shane, otro sobre los hombres alados en el cómic y otro sobre Roberto Alcázar y Pedrín. Tadeo Juan nos regala, por añadidura, una reflexión sobre Mike Spillaine, fallecido hace unos meses.
Sobre Lesley Shane escriben Tadeo Juan y Agustín Riera. Nos descubren a este interesante personaje, una mujer de armas tomar, bella y activa, luchadora contra el crimen desde 1953 en los periódicos británicos y que disfrutó de traducciones en Francia, Portugal, España, Argentina y otros países, a las cuales les sigue el rastro Riera en un excelente artículo. Este autor la llama "La rubia precursora de Modesty Blaise" y no le falta nada de razón. Francamente interesante.
El mismo Riera nos deleita con un trabajo sobre los héroes y villanos alados en la historieta en su artículo "Los vampiros del aire", pues parte de esta mítica serie dibujada por Darnís en 1940. En su repaso abarca a otros alados, como los americanos Black Condor, Hawkman y muchos más, incluyendo mutantes, describiendo así una raza de personajes que no pasan desapercibidos.
Baena nos ilustra con un detallado artículo que repasa las colecciones de Roberto Alcázar y Pedrín en España. Baena, que es un experto en estos personajes y en la obra de Vañó (y que se halla preaprando un trabajo de investigación muy ambicioso sobre el particular) nos ilustra con un recorrido hemerográfico con todos los datos, detalles y anécdotas referidas a las ediciones de estos dos polis duros de los cuarenta. Impagable.

Tadeo Juan adereza el resto de la publicación con páginas memorables de Karpa, Iranzo, Cartus, Estivill y una historieta de Joan Arocas con la que felicita la navidad a todos sus lectores.
Estos, los lectores, deberían ser muchos más de lo que son a la vista de la calidad que ofrece esta publicación que ya lleva treintaiún años saliendo a la luz en nuestro país. Un premio le daba yo.
Los interesados diríjanse a: Francisco Tadeo Juan, C/ Editor Manuel Aguilar, 17, 7ª 46001 Valencia España.

Reseña por Manuel Barrero
Tebeosfera recibió servicio de prensa de Comicguía

La voz en el desierto. Apendices

La voz en el desierto/apéndices


En la redacción de las reseñas nos 28 y 29 se produjeron fallos informáticos mutilando algunos de sus fragmentos. Mediante este apéndice, queremos subsanar esas carencias.


De la reseña nº 28 hay que añadir, en el apartado de publicaciones de JUDGE DREDD en España:

(…)el tomo recopilatorio sobre el personaje a cargo de la EDITORIAL DOLMEN, que compendia gran parte de la obra realizada por BRIAN BOLLAND, un volumen casi imprescindible y que nos permite deleitarnos por completo con la labor del gran artista inglés.

Sobre la reseña nº 29:

(…)cargado quizás injustamente las tintas sobre Loeb, cuando el creador del ingenio es TIM KRIGG, figura superpopular, sobre todo, a la hora del almuerzo en su casa. Siéndonos totalmente desconocido por estos pagos, e incapaces de aludir a cualquier otra obra suya (caso que solventa Fuller, y ya puestos, Stan Lee) que nos permita hacer comparación, es natural que destaquemos más la influencia de Loeb, a quien más o menos tenemos ya calado.

Mas aún así podemos intuir que esto, en su génesis, era una reunión de chavalotes adictos al aroma del papel de tebeo que empezaron a hablar de sus cómics favoritos y mientras trasegaban algunas birras a altas horas de la noche, establecieron los fundamentos de lo que hoy conocemos como Heroes. Sin duda, empezaron a seleccionar ya el material que iban a expoliar, digo, a homenajear, como si fuera el reparto de las partes más jugosas de una res, disimulándolo todo, con beodo respeto, con la apariencia de un afectuoso guiño, por supuesto, líbrenos Dios de las demandas judiciales. Alguien (no nos sentimos capaces de señalar un autor intelectual, pese a sospecharlo) lanzaría aquella observación retórica de “¿Y si…?” o quizás “¿Cómo harías…?”, en obvia alusión al proyecto cinematográfico de Watchmen, en el limbo desde hace décadas, y sus peculiaridades que lo hacen inadaptable a una película. Pero… ¿y en una SERIE?

¿De veinticuatro episodios?

¿De cuarenta y dos minutos de duración?

Todo eso, por supuesto (agregarían los expoliadores… digo, los creadores), con el máximo cuidado y disimulando que copiamos para evitarnos pleitos.

Y también:

(…)es tan ilusoria la supuesta gran repercusión que Heroes ha tenido que su propia línea de cómics (!), desarrollando ora su trama, ora unas secuelas inéditas, no ha despertado el interés de ninguna de las grandes compañías, limitándose a una difusión casi local y que, difícilmente, veremos por estos lares, algo de lo que quizás debamos sentirnos afortunados.

Esta observación nos conduce hacia las mismas páginas que aparecen dibujadas en la serie, de una calidad amateur, de FANZINE. ¿Loeb, o por su mediación, con cualquier amigo suyo, no pudo inclinarse unos minutos sobre el tablero y concebir unas páginas, unas portadas, que no parecieran dibujadas por un chaval con un talento en ciernes?

Antonio Santos

lunes, 17 de diciembre de 2007

REVISTA DE PRENSA 3

EL INFORME PISA, HUMOR GRÁFICO Y ‘CUENTOS’ EN EL MUNDO ¡QUE AL FINAL ERAN TEBEOS!

Repaso a las viñetas en la prensa durante la semana 9 a 16 de diciembre de 2007.

No puede decirse que haya sido una mala semana para la presencia de la historieta en la prensa española, al menos en la generalista. Sobre todo porque con el fin de semana llegaron los regalos y promociones y ahí aumentó la dosis de viñetas. Aunque conviene hacer unas serie de precisiones.

El lunes nos desayunábamos con un anuncio a toda página en El Mundo, en colores, sobre una colección dirigida a alimentar las retinas de los niños en Navidad avalada por Disney. Todos los Cuentos Clásicos de Disney, “una colección de libros ilustrados que harán disfrutar a toda la familia”, y se relacionaban los 40 que aparecerán hasta mayo de 2008. Como la cosa se anunciaba por la tele y en algún momento del spot se entrevió alguna viñeta me quedé con la copla por si, dentro del cuento, habría algún espacio para la historieta. El Mundo siguió emitiendo el anuncio a lo largo de toda la semana, todos los días, con el mensaje promocional invariable: cuentos.

Una de las noticias que acaparó las secciones de cultura en todos los medios seguía siendo esta semana el informe PISA. Con Chávez algo difuminado por el NO, Gadafi de cacería o en jaima y PP y PSOE a la greña por la cosa de la procesión de intenciones, éste era un tema para profundizar en serio. Se hizo y a la vista de los gráficos se podía extraer alguna conclusión guapa. Por ejemplo, El Mundo del lunes 10 mostraba una comparativa de puntuaciones medidas por el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos y en ella destacaban: China Taipei, Hong Kong, Países Bajos, Bélgica, Corea, Finlandia y Canadá (tanto en Matemáticas, como en Lectura, como en Ciencias). Da que pensar, son países con elevada tasa de consumo de historietas, ¿podría haber alguna relación? Es para planteárselo. Seguro que la relación es al contrario: a mayor cultura y mayor tasa de lectura, más consumo de historietas por habitante.

Francia no aparecía a tanta altura. Francia tiene últimamente la cultura fláccida, según pregonan desde EE UU., que encuenta la causa de este fenómeno en las medidas proteccionistas y la autocomplacencia en materia de cultura del gobierno francés durante los últimos años. Time ofrecía recientemente algunas soluciones, nos recordaban en El Mundo del 12 de diciembre, señalando que uno de los posibles salvadores de la cosa cultura podría ser el gabinete de Sarkozy, que ha llegado como una apisonadora para todo y en todo y mucho me temo que para ir conquistando nichos en la cultura también (aterrador lo de su intención de cortarles la comunicación a los usuarios de p2p). ¡Horreur, Sarkozy! En la noticia se apoyaba también la llegada de corrientes minoritarias y cosmopolitas y lo ejemplificaban con la producción de dibujos animados Persépolis, inspirada en la obra de historieta de la iraní Satrapi. ¡Bien! Pese a todo, la idea de que la cultura gala mengua sigue ahí: en Francia ya se consume un 30% de literatura traducida del inglés, el cine americano domina al francés, y los tebeos que se leen son, cada día más, nipones o yanquis.

Hablando de historieta en francés, ese mismo día y ese mismo diario anunciaba que la Fundación Carlos Amberes ha abierto en Madrid la muestra Tintín en el mundo de Hergé, cuyo fondo procede en gran parte de la colección de Jordi Tardá. Hay historietas, mercadería, documentos asociados y un conjunto de textos escritos por tintinófilos de pro, entre los que nos suenan: Bonet, Gallardón o el inevitable De Cuenca. La expo, se recuerda, ya estuvo en la Fundación de Caixa Girona.

Otra muestra interesante que se ha anunciado esta semana ha sido la de La caricatura social y política, en Valencia, que reúne obras de Grosz, Bagaria y Hogarth en el Museu Valencià de la Il·lustració i la Modernitat. Comienza el 20 de diciembre y durará hasta el 3 de febrero (Calle Quevedo, 10). Para no perdérsela.

El País del día 13 también nos trajo una buena noticia, la publicación de un diccionario singular construido mediante viñetas de El Roto, escogidas de entre las que ha ido publicando en prensa estos últimos años. Desde luego se trata de una idea original y francamente efectiva: no vamos a recalcar el simplismo de que una imagen vale por mil palabras, pero estamos convencidos de que una viñeta de El Roto equivale a toda una definición descriptiva, con sus derivaciones e inferencias. Eso sí, este satírico se mantiene fiel a su ética creativa, no compartida por el resto de humoristas del país. Extraigo este comentario sobre los temas que bajara para construir sus sátiras: «No abordo cuestiones que a lo mejor están en los medios por razones espurias de conseguir audiencias o de fomentar formas aberrantes de comportamiento. Me muevo con una cierta voluntad de ética». Dice que se impone como autocensura «el sentido común y la utilidad pública (…) a mí no me interesa el exabrupto.»

Vamos, que supongo que no le habrá hecho ninguna gracia la felicitación navideña que llegó el día 13 de diciembre a todas las redacciones y a muchos blogs, la emitida por El Jueves y que muestra a dos jóvenes en plena coyunda, con los rostros embozados por gorros de Santa Claus, que recuerdan poderosamente a la imagen para la cubierta del ejemplar secuestrado hace unos meses. El Mundo, al reproducirla, indicaba que El Jueves había pasado de tener 475.000 lectores en julio a gozar de 556.000 en diciembre (según el EGM). 81.000 más. Un remonte que hay que agradecer a Del Olmo y Conde-Pumpido ¿eh? El Mundo llegó a entrevistar a Guillermo con motivo de esta postalilla dibujada por él (16-XII-2007, en la sección Crónica); impagable la gansada que les dedica a los dos juecetes el Guillermito.

Durante el resto de la semana, poca cosa sobre cómics en prensa. Sacaron en foto una caricatura de Carrillo hecha por Peridis, pero nada explicaron a cuento de qué. Publicaron otra foto de una caricatura de López Aguilar dibujada en una sesión del Congreso, pero la colaron a falta de otras noticias. El País del viernes venía con una viñeta de Carlos Giménez en portada, pero era para llamar la atención sobre un informe en torno al bofetón como estrategia pedagógica, el cual encabezaron con una tira del madrileño a diez columnas nada menos. La obra de Giménez estaba ahí sólo para adornar: el niño de la historieta era abofeteado por haber leído tebeos. El mismo día, en el suplemento EPS, se publicó una encuestilla un poco idiota: “¿Qué dibujo animado o cómic te pone más?”, a la que respondieron tres payos (¡qué de espacio derrochado!). El domingo Luis María Anson le hizo un hueco a Mingote en su nueva sección gigante “Las cartas boca arriba”. Lo alababa, claro.

El Mundo dedicó otra doble página el viernes, en Cultura, a promocionar el lanzamiento de su colección de “cuentos”. El artículo de Juan Pando de ese día, titulado “Cine para leer”, venía ilustrado con una «Viñeta del libro de ‘Blancanieves y los Siete Enanitos’». Nada daba a entender que era una viñeta de historieta, pues no contenía bocadillos (recordemos que los cuentos infantiles también llevan viñetas ilustrativas), ni Pando aclaraba que la colección fuera otra cosa que “libros de películas”. Su artículo, por otro lado, molaba.

En el sitio web de las promociones de El Mundo, lo mismo de lo mismo

El sábado fue un gran día. El País publicó un anuncio a toda página de Ediciones B en el que recomendaba seis libros para regalar en Navidad. Uno de ellos era El gran libro de Mortadelo y Filemón, ¡que ya va por la tercera edición! Felicidades, B. Público regaló el primer DVD de una serie de 10 que reproducen la serie de animación primera de los personajes con motivo de la celebración de su 50 aniversario. Hurra por Público. El Mundo sacó una foto de José María Conget sosteniendo un ejemplar facsimilar de El Cachorro con motivo de haber sido galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas por su labor como escritor. Recordemos que Conget escribió el libro El olor de los tebeos y ha comisariado alguna interesante exposición sobre la historieta española. ¡Enhorabuena, Conget! En el mismo diario, en la sección de deportes salió una foto de los sonrientes Manuel Pimentel y José María del Nido sosteniendo el libro del que son editor e impulsor respectivamente, ¡Olé mi Sevilla!, una historia del equipo sevillano contada mediante viñetas. Los autores del producto son Luis Felipe Campuzao y Cristian Suárez (los mismos de aquel libro de historietas sobre baloncesto que tanto se vendió).

En su sección “vida&artes”, El País publicó ese día un reportaje realmente intersante de Javier Rodríguez Marcos. Llevó por título “Leemos, pero a ritmo de ‘zapping’” y centraba su atención sobre el hecho relevante de que si bien se lee más debido a que los jóvenes se ven obligados a ello si quieren acceder a las nuevas tecnologías, tan atractivas, no quiere ello decir que se lea ‘igual’. Se leen menos libros pero se lee más en internet y según el autor esto es nocivo, puesto que la tecnología es una aliada para el lector competente pero una enemiga para quien no lo es. Por lector competente se entiende al lector avanzado, al que no abandona el hábito de leer una vez terminado su periodo de aprendizaje escolar o universitario. Se postula en el artículo que quien deja de leer es porque lee mal. El director del Centro de Estudios de Promoción de la Lectura y Literatura Infantil, Pedro Cerrillo, cree que los niños leen mucho y con gusto hasta los 10 años. A los 11 ó 12, con el paso a la enseñanza secundaria todo cambia, y más a los 15. Este hombre considera que para evitarlo se debería leer más en voz alta en clase (¿ein?). Con todo, del artículo salen algunos apuntes útiles: la importancia de acentuar el hábito por leer a esas edades mencionadas, la importancia de la lectura detenida y no fugaz (como la de internet), y la posibilidad de una campaña de choque, publicitaria, para el fomento de la lectura competente. De tener pasta, yo pagaría un anuncio en la tele para fomentar la lectura de tebeos entre los 10 y los 15 años. Hala, académicos, ahí tenéis un proyecto.

El sábado, otra vez, El Mundo nos “regaló” otra doble página informativo / promocional sobre su colección de “cuentos” de Disney. Qué pesaos... Bueno, ahora era diferente, porque todas las imágenes reproducían páginas de historieta. ¡Vaya! Iniciaban los textos con las versalitas «PROMOCIÓN CULTURAL», y relacionaban la cosa, mira qué cucos, con el informa PISA. Este alarde de oportunismo descubría al mismo tiempo la inexplicable ocultación de la verdadera naturaleza de su colección de “cuentos”. Es más, llenaron dos páginas del periódico entre José Fajardo, Pedro Calleja y Ricardo Martínez (el humorista gráfico del diario) y ninguno de ellos, ni Ricardo, entraron de lleno a destacar las cualidades historietísticas del producto ni a subrayar el hecho de que eran tebeos. En la introducción se leía que la contribución al fomento de la lectura se hacía mediante «40 libros que reproducen los diálogos originales de las películas» (¡!). Fajardo hablaba de «libros (…), obras (…), tomos (…), cuentos [y], relatos ilustrados», pero en ningún momento de tebeos, historietas o cómics. Calleja escribía exclusivamente sobre «la (sic) Disney». Y Ricardo, que es un dibujante que sabe tela sobre viñetas, sí que habló de Gottfredson, Iwerks y Barks, los creadores de las mejores tiras y páginas de historietas de la factoría Disney, y escribió una columna memorable, magnífica, pero no trató el contenido de esta colección. Es decir, en las dos páginas no se habló de cómics. Ni una pizca. Vaya, vaya, con la promocioncita.

Finalmente, el mismo domingo, ya era ineludible hablar de cómics, porque ya teníamos en nuestras manos Blancanieves y los Siete Enanitos, álbum de historietas perteneciente a la colección Todos los Cuentos Clásicos de Disney a su vez integrada en la línea editorial denominada Biblioteca Infantil El Mundo. Una vez en las manos comprobamos que se trataba de un típico álbum de historietas de 46 páginas en color, con la adaptación al cómic de la película de igual título. El copyright de la obra original corresponde a 2007. Recientito. Mas, los que conocen el universo de Disney saben que existió una colección de libros de cuentos publicada por Salvat en 2004 cuyo título Blancanieves y los 7 enanitos llevó copyright de 1999 y, oh, casualidad, las viñetas de este cuento (aquí sí, cuento) mostraban los mismos personajes, enfoques, planos y diseños que este novedoso álbum. Es más, son aparentemente obra del mismo dibujante, a quien no se le cita, claro. Debió ser Disney. Eso sí que eran “cuentos”.

El primer álbum de esta nueva colección de El Mundo muestra una obra a todas luces muy recomendable. Es un producto editado sobre buen papel (sobra satín), bien encuadernado y presentado, y los dibujos son respetuosos con la película original, cálidos en la ejecución, deliciosos en el acabado y el color, si bien la narrativa en general se resiente por el hecho de querer adaptar al dedillo las escenas y secuencias fílmicas. En suma, una obra digna de elogio y que se recomienda para todos, pero que no se ha promocionado con la lealtad exigible de acuerdo con la naturaleza del producto. Fajardo volvió a escribir una página en El Mundo del domingo, encabezada de nuevo con lo de la “promoción cultural”.

En los tres textos de la página se aludía a que eran “cómics” una vez.

Una.

Y yo pregunto: ¿Acaso hay algún reparo en promocionar la lectura infantil abiertamente con tebeos?

Es que esta sensación hemos tenido durante la semana…

Manuel Barrero

Imágenes: en cabecera, la portada del primer álbum de historietas lanzado por El Mundo. En el texto, cubierta del libro de cuentos de Salvat citado en el texto. Se reproducen imágenes del tebeo y del cuento, obsérvense las similitudes.

Vínculos:

Repaso a la prensa 1

Repaso a la prensa 2

sábado, 15 de diciembre de 2007

ENCIMA Y DEBAJO DE STURM

Encima y debajo, de James Sturm

Resulta curioso comprobar como a veces aspectos muy concretos de la cultura se nos revelan casualmente juntos cuando nos interesamos por una de sus manifestaciones.

Ha ocurrido con esta obra de James Sturm, Encima y debajo, que edita La Cúpula en noviembre de 2007 y cuyo tema es la pequeña historia de los Estados Unidos. Uno de los dos episodios de historietas que conforman el volumen trata sobre los brotes de fanatismo que hubo entre los colonos al comienzo del siglo XIX, un asunto siempre subyugante y atractivo, pasto de literatos y que el cine ha aprovechado en algunas ocasiones (todos recordamos La letra escarlata con la antiactriz Demi Moore). Resulta que a finales de noviembre aparecieron en formato DVD tres producciones cinematográficas que se cernían sobre la misma época y contextos similares: Camino a la gloria (de Russell Holt, sobre enfrentamientos religiosos al norte de Nueva York en los 1820), En busca de Zion (de Sterling Van Wagenen, sobre la expansión mormona a lo largo del XIX, que pretende recordar a la Caravana de paz de Ford) y Tierra de conquista (del mismo dire y continuación de la anterior).

Se trata de un tema fascinante éste, que nos descubre que en las raíces de la formación de la democracia americana hubo una época de hombres furibundos y de familias exasperadas por encontrar un pedazo de tierra en el que afincarse para sobrevivir. Recurrir al gregarismo sectario puede que fuera una de las pocas maneras de mantenerse con fuerzas y seguir adelante, porque ¿qué sociedad no se ha construido con miedo e incertidumbre…?


En esta corta historieta publicada en 1996 bajo el título “The Revival”, Sturm nos transporta a la gran congregación de Cane Ridge en 1801, un ejemplo documentado de las aglomeraciones de creyentes que se dejaban llevar por el delirio colectivo. Con personajes construidos a duras penas, con gravedad y silencio, Sturm nos describe la situación a través de los ojos optimistas de algunos que consideran un festejo aquella reunión y de otros que han llegado a este punto empujados por la consternación.

Sturm es un dibujante mediocre, pese a su muy buena formación y estudios (y su cercanía a gigantes de la historieta como Art Spiegelman), pero consigue transmitir eficazmente la atmósfera en la que desarrolla sus relatos. En este sentido, por el tono y la esencia de sus historietas, está más cerca de la esfera de los hermanos Hernández que del underground fundacional del que bebió en su adolescencia. Lo más importante de su obra, que demuestra aquí y en la siguiente historieta de este álbum, se halla en su capacidad para reflejar la desesperación. Aquí, a través de la rendición al oscurantismo, mediante el arrepentimiento y con la misericordia como única salida a un futuro ignoto e incierto. El débil desarrollo de la historia "El renacimiento", necesitada de mayor foliación sin duda, queda compensado con la certeza con que nos transmite la credulidad ciega de los protagonistas en los chalanes predicadores y su claudicación final a la realidad de que no hay posible resurrección.

Si en esta historieta tiene como eje el producto del cociente esperanza / miedo, en la que da título al álbum (originalmente publicada en 1998 como “Hundreds of feet below daylight”), esa relación se da entre codicia y odio. Sturm nos lleva a hora a una zona minera en 1886, arrancando el relato con una denuncia de la explotación cruenta practicada sobre los inmigrantes chinos, a quienes se les negaba cualquier derecho sobre la propiedad, algo considerado sagrado para cualquier americano asentado (y blanco).

Con mejor dibujo y con una narrativa más compleja, Sturm plantea ahora un contexto más oscuro y pesaroso, no tan desesperado por la supervivencia como por el botín. Lo más interesante de la segunda historia radica en que desde el principio se marca un ritmo al lector que sabe que le conducirá inexorablemente a un desenlace trágico. Esto lo consigue el historietista con un repertorio de personajes abruptos y oscuros, ninguno inocente, que dan la medida de una etapa salvaje y feroz sobre la que la democracia americana fue avanzando dolorosamente.

Encima y debajo es un libro que se lee con gran placer, que resulta interesante e instructivo (el autor se molesta en publicar unos textos aclaratorios de las circunstancias históricas relacionadas con cada relato), pero que no alcanza la categoría de “novela gráfica” con la que está etiquetada. Como obra dramática es estupenda, un ejemplo a seguir. Y además resulta el perfecto anticipo de The Golem’s Mighty Swing, su obra más premiada y que La Cúpula ya está traduciendo, con la cual completa lo que Burns ha denominado su “trilogía americana”.

Encima y debajo, guión y dibujo de James Sturm
La Cúpula: Novela Gráfica, s/n, Barcelona, 2007
Álbum de historietas, 24X17 cm., encuadernación en rústica con solapas, 82 páginas en b/n
10 euros

Promoción editorial:
“Dos narraciones situadas en diferentes periodos de la frontera americana.

Una devastadora mirada al fundamentalismo religioso, la esperanza y la mezcla de credos de principios del s. XIX en EL RENACIMIENTO.
Una historia de codicia sobre fondo de sangre china en el entorno de la explotación minera de un pueblecito de Idaho en A CIENTOS DE PIES BAJO LA LUZ DEL DÍA.
Un documentado díptico que aporta luz, crítica y reflexión a la historia pequeña y secreta de los Estados Unidos.”

Web sobre la actividad pedagógica de Sturm

Reseña de Manuel Barrero
Tebeosfera recibió servicio de prensa de La Cúpula.