domingo, 16 de mayo de 2010

LA EVOLUCIÓN DE UN GÉNERO, LA EVOLUCIÓN DE UN AUTOR

El dibujante español Corominas desarrolló en los inicios de su carrera un trabajo ligado al horror y que bebía de dos fuentes inspirativas claras, la obra de los artistas estadounidenses Berni Wrightson y Richard Corben. Así, no fue raro que sus primeras publicaciones profesionales, superada ya su época de fanzinismo, se realizaran en las revistas que Toutain editaba en aquel momento. Su primera historia larga, Tragaldabas, enfrentada auténticamente como un historietista maduro, apareció en la segunda época de Creepy y llamó la atención por el virtuosismo desplegado en el dibujo (que recordaba al Wrightson más decimonónico) y por el atrevimiento en el tema tratado, que mezclaba religión, tortura y sacrificio. Años más tarde, con un estilo más evolucionado y deudor en esta ocasión de Bill Sienkiewicz, Corominas volvería a sorprender a sus antiguos lectores y a retomar sus obsesiones temáticas con una obra que no llegó a tener continuidad, Eye Gray, dentro de la línea de autores españoles que Planeta-DeAgostini abrió con su línea Laberinto.

Manuel Barrero
ha tenido a bien no solo analizar estas dos obras de un autor que evolucionaba como historietista, sino también enmarcarlas dentro de la evolución que el género del horror sufrió en la década de los noventa, una década de excesos en todos los sentidos.