jueves, 23 de septiembre de 2010

LA ESPÍA RUSA QUE NOS ENAMORÓ.

Era 1964. Política de bloques. El triunfo del pop en un clima de guerra latente.
En los cómics, sobre todo los americanos, aún reside un concepto del valor, del deber, del patriotismo.
Y también un concepto de la mujer (de la "buena" y de la "mala").
Si era espía, era "mala". Eficaz, pero taimada. Inteligente, pero débil. Seductora, pero para aniquilarte.
Igual que los espías macho. O casi.
En Marvel, el espía que llegó del calor (de la guerra) era Fury. Lo hicieron el jefe.
Sin embargo, la espía que llegó del frío (del comunismo) fue Romanova. La hicieron "buena".
Pero siguió siendo peligrosa, artera en sus modos y, ojo, equiparada a su homólogo masculino por llevar trajes muy, muy ajustados (tanto, que en su versión española en blanco y negro la sentíamos como desnuda).

Sobre este modelo, el de el espía que es mujer y por lo tanto admite un análisis diferente, nos habla el autor del muy recomendable libro Los cómics de la Segunda Guerra Mundial (Universidad de Cádiz, 2010), José Joaquín Rodríguez, en el artículo titulado:


Tebeosfera. Cuestión de géneros.

[la imagen de Black Widow en su segundo traje es de J. Hernández]