lunes, 4 de octubre de 2010

LOS RESCOLDOS DEL ESPIONAJE



En la España de los años ochenta, al calor del llamado boom del cómic, los espías siguieron superviviendo en ciertas publicaciones donde se barajaban los planteamientos de antaño (todavía hubo espías militares circulando entre nazis) con los de más rabiosa actualidad (esos espías con maneras de Charles Bronson o con poses de Clint Eastwood):


CASCO DE ACERO, EPESA, 1981




AGENTE SECRETO, EPESA, 1982


Los planteamientos clásicos del espionaje habían caído en la redundancia, en argumentos trillados hasta el agotamiento, y los esfuerzos de Producciones Editoriales, Dalmau Socias o el grupo GTS no llegaron a consolidarse en el mercado:





No deja de ser llamativo que hasta hubo quienes acudieron a los clásicos, a títulos tan resonantes como "FBI", que tanto despertaba la nostalgia del aficionado a los tebeos, o a personajes tan pioneros como Nick Carter, que a esta altura de la película ya nadie recordaba que con él surgió el subgénero de los agentes especiales a finales del siglo XIX:



Estos agentes ya no seducían al "nuevo" lector de cómics, presuntamente renegado de los "antiguos" consumidores de tebeos.

Pero sí los que llegaron luego, los inmersos en otros géneros (como los superhéroes) y una nueva hornada de antihéroes despojados de relumbrón, sin afeites, aparentemente anodinos o perseguidos por sus propios jefes, como Max Fridman, cuyas aventuras comenzaron a traducirse en España en 1985, o XIII, cuyos libros se editaron en español en 1987.

[Catalogaron: los tebeditores secretos]

Tebeosfera. Nueve de cada diez espías están catalogados.