miércoles, 11 de abril de 2012

CRUMB Y LA MUJER


Robert Crumb fue un niño inquieto. Compulsivo consumidor de televisión y cómics (como todos a su edad), obsesionado por el sexo (como todos a su edad) y genio de la historieta (como pocos). Hacía fanzines con su hermano desde los tempranos años sesenta, y luego se integró en el revolucionario movimiento underground de San Francisco con su forma de hacer sátira humorística transgresora, que no respetaba ninguna convención salvo la de la secuencialidad (y a veces ni esa). Parecía tierno o cómico y era duro y sangrante. Promovía la carcajada pero dejaba un poso amargo en cada lectura. Se reía de todo y de todos, y de paso de sí mismo, exponiéndose descarnadamente.
También tocó el tema de la mujer, atacó a las feministas sobre todo en los setenta, satirizó hasta el límite toda cuestión sexual y modeló una figura femenina que convirtió en icónica: la de la lolita rotunda, de piernas poderosas y culo rotundo siempre dispuesta para el sexo. Todavía en este siglo, el XXI, tuvo problemas con sus procaces dibujos de mujeres.
Crumb, sin él no se comprende la maduración de los cómics americanos.

R. CRUMB

Tebeosfera. Por la transgresión hacia el arte.