miércoles, 13 de febrero de 2013

EL TÍBET EN EL CÓMIC

Hoy se cumplen 100 años desde la proclamación de la independencia del Tíbet por el XIII Dalái Lama.

Tebeosfera quiere rendir un humilde homenaje a la lucha de este valiente y pacífico pueblo con un sucinto repaso a algunas de las apariciones de su cultura en la historieta.

Desde principios del siglo XX, el Tíbet se asoció con el exotismo, y así apareció reflejada esta remota y montañosa región como una misteriosa tierra donde vivían sabios místicos, poderosos magos, monstruos legendarios (el Yeti) o malignas sectas ocultas y que guardaba magníficos tesoros, desde la ciudad oculta de Shangri-La hasta los secretos de los monjes tibetanos, como el tercer ojo o la levitación. Así, se prodigaron las aventuras que hacían uso de esas temáticas o que se desarrollaban en esos parajes, tanto en los populares pulps de La SombraDoc Savage o Green Lama como en las tiras de prensa del cómic estadounidense como Mandrake el mago o Terry y los Piratas.

Los cómics de superhéroes también sucumbieron a esa visión folclórica del Tíbet, redundando en los temas esotéricos y místicos (Doctor Extraño, Zatara, Mr. Mystic...), en las artes marciales (Puño de Hierro), en misteriosas organizaciones malignas, como la Liga de las Sombras de Ra's al Ghul, o en otros villanos, sosias del prototipo del "peligro amarillo", Fu Manchú, como I-Ching o Mad Lama. La historieta mexicana también repitió los mismos esquemas, y creó superhéroes místicos como el popular Kalimán, el hombre increíble o Kendor, el hombre del Tíbet.


En España, en los clásicos cuadernos de tebeos de aventuras, encontramos numerosas referencias al Tíbet, y no pocas aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín, Cuto en "Tragedia en Oriente", El FantasmaAventuras del FBICharro Temerario, El Inspector DanEl Capitán TruenoEl Jabato o Hurón se desarrollaron allí o enfrentaron a nuestros héroes con los peligros tibetanos.




La cordillera del Himalaya fue también escenario de numerosas aventuras bélicas, como las de Buck Danny, pero fue el belga Hergé el que mas hizo por popularizar el Tíbet, al situar allí en 1958 una de las aventuras de su archiconocido personaje, Tintín en el Tíbet, y tanto es así que el propio Dalái Lama reconoció el papel que esta historieta ha jugado en la difusión de la cultura tibetana, concediendo a Tintín el premio Luz de la Verdad, el primero concedido a un personaje de ficción.

Durante los años sesenta y setenta del siglo XX el Tíbet fue sinónimo de exotismo, de sabiduría y de iluminación espiritual, y en los ambientes hippies surgieron curiosos productos, como La Experiencia Psicodelica, donde se incluían historietas de Robert Crumb junto a la traducción del manual de Timothy Leary basado en el Libro tibetano de los muertos.

En Europa, a partir de los años setenta hubo otras visiones algo más alejadas de aquellas tan exóticas o lisérgicas, como la El monje del Tibet (El hombre de las nieves), de Alfredo Castelli y Milo Manara.

Uno de los autores que mas han escrito sobre la cultura oriental en general y sobre el Tíbet en particular es el suizo Cosey, tanto a través de su longeva serie del atípico aventurero Jonathan –apenas conocida y poco publicada en España– como con otros libros, como Le Buddha d'Azur, desgraciadamente inédito aquí.

No podía faltar en este repaso el inquieto e omnipresente Alejandro Jodorowsky, siempre interesado por la filosofía oriental, que con Georges Bess –otro autor muy influenciado por la cultura oriental– creó la magnífica serie El lama blanco, publicada por Norma en la coleccion Pandora y recopilada en 2007 por Rossell. De nuevo Bess, pero ya en solitario, construyó en Pema Ling un épico relato de drama y tragedia. La capa púrpura, de Makyo y Bruno Rocco, también narraba una historia de aventuras con elementos fantásticos ambientada en el Tíbet.



Otro autor que se posicionó claramente sobre el tema de la independencia tibetana fue el belga André Taymans, que tituló nada menos que Free Tibet una de las aventuras de la detective privada Caroline Baldwin, que no se ha publicado en nuestro país.

En España, el grupo de estudios pedagógicos Trenkalòs dedicó un numero de su colección El Món per un Forat a la denuncia de la situación tibetana con Salvem el Tibet. Aparte de esa propuesta aislada, en nuestro país no se han prodigado las obras sobre el Tibet, ni siquiera traducciones de las numerosas obras aparecidas en otros mercados, entre las que destacamos la antología reivindicativa Tintouin au Tibet; la serie Où la neige ne fond jamais, de Sylvain Sanchez y Olivier Ferra; Tibet. L'espoir dans l'Exil, de Véronique Jannot y Philippe Glogowski, o la biografía manga del Dalái Lama, The 14th Dalai Lama: A Manga Biography, de Tetsu Saiwai.

Con esto terminamos este rápido repaso al Tíbet en el cómic, esperando que las reivindicaciones de los tibetanos encuentren finalmente una feliz resolución.

Tebeosfera. Tíbet libre.