viernes, 14 de febrero de 2014

TEBEOS CON HAMBRE DE MUSEOS


¿Qué tendrán que ver la Tía Norica con el hambre de Carpanta, Ricardo Cadenas, El Tigre de la India o Martínez "el Facha"?

Nada, en un primer supuesto. O todo en el ámbito de la cultura, esa maraña de sentires que se encadenan y estructuran entre conocimientos, afectos, querencias, nostalgias o comprensiones.

La vida intelectual, la que uno asume como propia, se construye mediante un juego de espejos verdaderos y falsos, y tras muchas visitas a la galería inmensa de la vida. Vivimos en cultura y crecemos entre culturas, cultivamos la infancia y reconstruimos la cultura en la juventud, luego enladrillamos la cultura de la madurez y nos aferramos a ese edificio en la senectud. La Cultura es un éter amorfo y cambiante y nos resistimos a ver cómo se le desdibuja la silueta. Pero cambia. A menudo más deprisa que nosotros.

La forma de la cultura de los tebeos ha sido siempre huidiza y cambiante. Se entrevera con el resto de culturas tímidamente, a veces imperceptiblemente. Pero ahí está. En los aromas que recordamos, en los cines a los que fuimos, en los libros que nos acogieron, o en los museos, en todo tipo de museos.
Menos en el museo de los tebeos.
Porque no hay.

En este texto de José María Conget se invoca ese museo.

Tebeosfera. Cuelgue un tebeo en su pared.