lunes, 23 de mayo de 2005

Repaso a la prensa: Cómics El País, Sin City, Douglas Adams, Satrapi, Labanda y Banksy

Satrapi y su mural

El domingo día 15, se nos avanzaba en anuncio a doble página, en El País, una selección de 35 títulos de los mejores cómics de la historia bajo el eslogan ‘Pasión por los cómics’, iniciándose la aventura con Astérix el Galo. Ese mismo día, el periódico dedicaba una página a la autopromoción en la sección La Cultura, firmada por la redacción. Se decía allí que la colección genéricamente denominada Cómics El País duraría hasta el 16 de septiembre de 2004 y que cada libro (vienen encuadernados en cartoné) costaría 2,50 euros. La colección se orienta a ‘niños y adolescentes, pero también para adultos con espíritu heroico’. Pues sí…
En esencia se trata de otro coleccionable periódico, imbuido antes de mercadotecnica que de interés por la difusión cultural y orientado a solazar la temporada de sol (primavera-verano) de los españoles sin demasiados escrúpulos a la hora de consumir según qué lecturas. Porque la colección en sí es un desbarajuste en su selección y ordenación. ¿Por qué un periódico tan progre como El País recurre a tebeos tan ‘tradicionales’? Astérix el galo es uno de los álbumes más chauvinistas de la saga de Goscinny y Uderzo –junto con La hoz de oro-; El sulfato atómico es uno de los libros menos definitorios del estilo de Ibáñez y el más plagiario; El Hombre Enmascarado, Flash Gordon, Príncipe Valiente son los de siempre con sus mensajes de siempre… sí, clásicos y tal, y por eso quizá hubiera sido mejor dejarlos para una colección de otra índole. Y, bueno, pero… ¿El Zorro? ¿Moebius en una colección de personajes y con una obra tan heteróclita y fuera de su contexto como El Garage Hermético? Y, oh, gran acierto, Persépolis y Paracuellos; ya, pero ¿cómo encaja eso un lector que está inmerso en la aventura? Mejor hubiera sido hacer una colección de cómics solamente clásicos, o sólo de humor, o de revisión de la memoria o de la guerra (Sacco, Satrapi, Wagner, Kubert, Spiegelman, García, Jiménez, Cava-Del Barrio, Palacios, etc.) o de personajes llevados al cine (Hellboy, Garfield, Hulk, Blueberry….). En fin, una cosa con algún eje conductor.
A la vista del primer libro, Astérix el galo, esta colección es una chapuza, no ya en la elección de títulos –cosa muy discutible y que depende del gusto disperso del lector ocasional de fin de semana- sino por el torpe diseño de los libros –de El Orfanato- y el cuidado en la edición ¡El tebeo de Astérix tiene colores de quiosco al sol y rotulación mecánica combinada con la manual! Si esto es promocionar la historieta, apaga y vámonos. De nuevo se han equivocado los voceros de las ‘grandes noticias’ del año y que van lanzando mensajes salvíficos sobre quienes hacen gran labor de difusión y promoción de la historieta en España. Pues no, mire, ni esto va a prohijar nuevos lectores, ni esto va a rehabilitar a los viejos, ni esto va a revivificar industria alguna. De hecho, no es reflejo de nuestra industria. Sólo refleja el afán de reaprovechamiento de almacenajes, de fotolitos viejos y de una concepción de la historieta que sólo mira hacia esquemas del pasado y lugares comunes.
El Mundo sí hace un aprecio a la historieta y del humor gráfico más deseable: lo usa. El Magazine del domingo 15 de mayo, por ejemplo, llevaba portada de Idígoras y Pachi enguasados los malagueños con el embarazo de Leti, estado de gestación que a los españoles babosos tuvo en vilo durante unos cuantos días. Dentro, foto de los autores y varios chistes a modo de historieta en páginas 24-25. El público ríe, valora, aprecia y considera estas viñetas intercaladas con el periodismo, la actualidad y la cultura. Algo es. Además, en Magazine reseñaron de paso, en una esquina, Las aventuras de Spirou y Fantasio.
También dedicaba Magazine unas páginas a Mickey Rourke el indómito. La razón es su ‘recuperación’ para el cine después de un tiempo sonado, alcoholizado e hinchado por la cirugía estética. La peli a la que vuelve es Sin City, inspirada en un cómic. Es una de las noticias alusivas a la historieta que más han menudeado por los periódicos y en la tele durante esta semana, pues el filme se presentó en Cannes fuera de concurso. En aquel Magazine todavía se jugaba con las críticas ajenas, las del autobombo yanqui dictadas por los estudios, seguramente: ‘Es la nueva ‘Pulp Fiction’’
Otra cosa fue la crítica del enviado especial a Cannes Diego Galán, periodista de El País, publicada ya el jueves 19 de mayo bajo el titular ‘orgía de efectos especiales’. El rosario de estructuras calificativas se sucedía así: ‘espectáculo deslumbrante y agotador’, ‘derroche de efectos especiales’, ‘que el cómic cobre vida real sin perder su identidad’ ‘disparos a diestro y siniestro que la banda sonora amplifica hasta ensordecer’, ‘espectáculo visual sin precedentes que fascina al inicio pero que acaba empachando tras dos horas de fuegos artificiales’, ‘cansino alarde de fantasía digital’… En fin, lo acostumbrado cuando un crítico de cine se acerca a este tipo de producciones de ‘origen contaminado’.
Por lo que se deduce de lo que escriben los críticos de cine un cómic puede cobrar ‘vida real’ en el cine, o cuando es cine ya deja de ser ‘fantasía digital’ ¿Es que el cine es ‘vida real’ acaso? ¿No era ficción si exceptuamos el documental, que aún así tiene un tratamiento, desde el mismo montaje, que lo distancia de la realidad? Volvemos a lo de los prejuicios: los cómics están en la esfera de la ficción siempre mientras que el cine se acerca a ‘la vida’. Y, claro, un cómic llevado a la gran pantalla no es vida, por andar necesitado en muchos casos de efectos especiales. En esto coincidía Rodríguez Marchante, enviado especial del ABC a Cannes en el repaso a los estrenos del día (ABC, 19-V-2005). ‘«Sin City» es espectacular, majestuosa, sorprendente y fastuosa, además de valentísima y feroz. Todo en ella es pasto para los ojos’… Todo un aparato de adjetivación que a lo que va es a decirnos que en la película todo es exageración y no cabe otro relato que el de la fiesta de la violencia. Bueno, como primera lectura no está mal.
Los que hemos visto la película comprendemos que está no le falta razón a ambos enviados especiales, o a Daniela Creamer, otra enviada a Cannes por El País: a la película le sobra tanta violencia como al cómic. Porque la película y la historieta están sustentados en la obra de Miller, a quien puede tenerse por un filofascista con abonado gusto por lo escabroso [léase, sino, el excelente repaso que Martínez-Pinna hizo en Tebeosfera a Sin City, la obra completa:
Sin City, de Frank Miller]
En lo que se equivocan todos los comentaristas es, en el fondo, que Sin City es sólo artificio, y en la forma, que esto no es una adaptación meticulosa o ‘página por página’. No, en todo caso ‘viñeta por viñeta’, porque en el cine la unidad narrativa ‘página’ carece de sentido y la filmación en sí responde antes al concepto de ‘traslación’, o traducción, que al de ‘adaptación’. En realidad, Rodríguez no ha hecho otra cosa que disponer luces y adecuar maquillajes: lo que vemos es Miller, sus planos, sus encuadres, sus textos, sus contrastes… no hay otra labor de dirección que la de actores sometidos al imperio de la viñeta original, que trasciende en esta producción más allá de su función como story board de partida. Como experimento es estimulante. Como película, innovadora y subyugante. Aunque, en cierto modo, los personajes, el maquillaje y los efectos matan a los actores. Esto es algo sobre lo que reflexionaba A.O. Scott en el artículo traducido por El País para el encarte The New York Times el mismo jueves 19 de mayo (cuatro columnas, a toda página): ‘Superhéroes capaces de derrotar a las estrellas de cine’, donde se reflexionaba sobre los beneficios que daba la moda de adaptaciones cinematográficas y sobre el posible daño que los papeles de superhéroe pueden hacer a los actores, por quedar enmascarados. Claro que el periodismo yanqui es muchas veces glosa del éxito y el artículo exige una lectura atenta a la bondad del traductor.
De los semanarios extrajimos recortes de La luna de Metrópoli y de EP[S]. En Metrópoli núm. 55 se publicó una reseña gozosa del Juana de Arco de Leiva (qué bien se mueve entre la prensa el Moreno ¿eh?) y un avance de la adaptación a la gran pantalla de Guía del autoestopista galáctico, libro humorístico mítico donde los haya, de Douglas Adams (1952-2001), que debiera ser de obligada lectura por barajarse en sus páginas la riqueza conceptual de Vonnegut, la ironía de Wodehouse y la inventiva de Lewis Carroll. La obra satírica de Adams no sólo tiene continuación literaria escrita, de bastante inferior calidad, también disfrutó de adaptación radiofónica, televisiva, discográfica, en un videojuego y en cómics. Los tebeos que adaptaron la obra se citan de pasada en el artículo y lo traemos aquí al recuerdo: fue Hitchhiker's Guide to the Galaxy : The Authorized Collection, colección de tres comic books con adaptación escrita y gráfica de John Carnell y publicada por DC Comics. Supongo que Planeta-DeAgostini la rescatará en cuanto llegue el filme. DC y Carnell también adaptaron la obra obra de Adams Life, the Universe and Everything, en tres entregas. Ah, y existe también la adaptación de Dirk Gently’s Holistic Detective Agency (en
http://www.dirk-gently.com/). La hizo Ray Friesen y no es considerada oficial… La película (de Sam Rockwell) no creemos que de la talla; para adaptar a Adams hacen falta los Monty.
En El País Semanal núm. 1495 (22-V-05) nos sorprendieron con dos entrevistas a dos dibujantes de historietas o humor. Los dos reportajes eran resultantes de la atracción de una actividad de ambos artistas no vinculada con la historieta o el humor, naturalmente. A Marjane Satrapi, ‘la única dibujante iraní de cómics’, la entrevistaron porque anda pintando un mural para una exposición [en la imagen que encabeza este texto aparece dando la espalda a su mural]. El entrevistador, Jordi Soler, propenso él, no paraba de decirle a la entrevistada que qué tenía de cómic el mural y ella no paraba de corregirle. Demostraba tener las ideas claras Satrapi en la entrevista: sabía en qué medios artísticos se movía y sabía qué y cómo quería comunicar. ‘El problema de los cómics es que son los bisexuales de la cultura’ es una frase de la Satrapi extraída de la entrevista para grabarla a fuego. También confiesa aquí algunas ideas muy perspicaces sobre la secularización y sobre la zanja que separa Oriente de Occidente, y dijo que llevaba mucho tiempo preparando una película animada de Persépolis, todo hecho a mano, cuadro a cuadro. Voluntad no le falta a esta gran autora.
Por otro lado, en pp. 84-85, Patricia Gonzálvez entrevistaban a Jordi Labanda, autor infatuado de suerte, Feliciano del diseño para muchos, para otros el colmo de la ‘modernez’. Ya es ubicuo: en las botellas de agua, en los cuadernos de las niñas que se cansaron de la simplicidad de Ruiz de la Prada, en las libretitas de las pijas, en las tazas de la pareja gay… Ahora, en una tirada enorme de camisetas con sus dibujos retro estampados, que es lo que motiva la entrevista. De pasada, al final, y como quien no quiere la cosa, se acuerdan de que sacó libro hace poco donde se recopilaban sus dibujos / chiste para el semanario de La Vanguardia, Si te he visto no me acuerdo. Como dice la periodista: parecen visiones de Dorothy Parker de un artista que a veces parece hasta frívolo: ‘El problema es que a mí todo me sale vendible’. Ahí lo tienen, uno de los dibujantes que más vende de España. Y qué poco caso le hacemos en el mundo del cómic, ¿eh?

La obra de Banksy

De los recortes de esta semana, además nos llamó la atención el nuevo ataque de Banksy, el agitador cultural que cuela sus obras ‘de arte’ entre las obras de arte del Museo Británico. En esta ocasión dispuso un pedrusco con una falsa pintura rupestre cuyo título rezaba ‘Hombre primitivo, camino del supermercado’ [viendo la foto se entiende]. Lo cómico es que la pieza paso desapercibida durante ‘bastante tiempo’ para miles de visitantes y que las autoridades no intervinieron hasta pasada hora y media de que se hiciera público el bromazo. Independientemente de la filosofía que empaña el acto burlesco y del mensaje que parece ser que quiere emitir el autor (un alegato contra el consumismo) lo que tenemos aquí es la más novedosa y moderna manera de humor gráfico. Esa piedra pintarrajeada, en ese contexto, constituye un chiste gráfico de enorme envergadura a cuyo pie podía leerse: ‘This finely preserved example of primitive art dates from the Post-Catatonic era’. Y más para quienes lo tienen por ‘art terrorism’ en sentido estricto. ¡Bien por Banksy!

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Joer, pos si que no te ha gustado, por un momento he pensado que estaba escuchando la COPE y tó

Álex dijo...

Como curiosidad, la obra de Douglas Adams fue objeto de uno de los primeros libros de Neil Gaiman, en sus tiempos de periodista: "Don't Panic!". Muy recomendable, muy divertido, y muy inédito en castellano.